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Mª Carmen 03:40 9 jul 2012 (UTC)

La Historia del arte ha dejado abundantes testimonios acerca de la indumentaria española durante los siglos XVI y XVII. A partir del reinado de Felipe II la moda española sufre una transformación radical: frente a la libertad, el colorido y la influencia de otras modas durante el reinado de Carlos I, el nuevo traje a la española vendrá marcado por la austeridad y la rigidez de una etiqueta que pretendía transmitir los ideales de la Corona española. Desde este momento y hasta final del siglo XVI, España pasa de ser receptor de moda a creador y modelo a seguir por las otras cortes europeas.

A partir del siglo XVII España pierde protagonismo político y económico en el contexto europeo, y, como consecuencia de ello, la indumentaria a la española pierde igualmente su influencia a nivel internacional. No obstante, los españoles se aferrarán más que nunca a sus costumbres y la indumentaria en nuestro país seguirá su curso, desmarcándose de la tendencia europea hacia el modelo francés.



La inversión media utilizada en ropa en el siglo XVII variaba según el status social al que se refiriese.

La nobleza Invertia 54.740 mrs., los mercaderes 41.551 mrs., funcionarios 40.909 mrs., artesanos 25.033 mrs., clero 12.404 mrs., propietarios agrarios 11.701 mrs. En general un balance general de los pobre 21.422 mrs., estatus medio unos 52.373 mrs., y los ricos 60.805 mrs.

En comparación con las capacidades económicas respectivas, las diferencias no resultaban abundantes, el consumo era bastante repartido y por ello no era causa de grandes disparidades entre los grupos sociales.

Durante el siglo XVII, el traje masculino a la española sufrirá pequeñas pero importantes modificaciones.

Será un momento crítico para el sector textil español, ya que el deterioro económico y comercial supondrá el cierre de talleres, la expulsión de los moriscos conllevo una pérdida importante de mano de obra especializada y la quiebra de la industria, a los que se unen aspectos como la pérdida de las complejas técnicas de ciertas manufacturas y el incremento de la importación de productos elaborados ante el descenso de la actividad textil. La rígida reglamentación gremial, el aumento de los de los impuestos o la competencia con los productos de los Países Bajos, Italia y Francia produjeron la decadencia de centros textiles como Granada, Toledo y Barcelona. A Carlos II se debe el intento de paliar la situación de decadencia, para lo que trajo a España tejedores extranjeros y se imitaron sus tejidos. Valencia será el centro que con más solidez mantendrá la actividad textil.

En primer lugar hablaré de la indumentaria masculina durante el reinado de Felipe III (1598-1621).

Los años iniciales del siglo XVII presentan una continuidad con las formas del traje de finales del siglo anterior, si bien hay una tendencia generalizada al exceso. También es en los inicios de este siglo cuando va cristalizar en la historia de la moda española la figura del hombre excesivamente preocupado por su aspecto, aquel que en el siglo XVII será conocido como el lindo.

Los varones más humildes vestían calzones largos, no muy ajustados, que podían estar cortados por la rodilla. Completaba su vestimenta una camisa de lienzo, una capa y un sombrero de alas anchas y caídas, que servía para realizar un ceremonioso y complicado saludo. Los zapatos estaban hechos en piel, generalmente de color negro, atado con amplios lazos. Para el campo o los viajes, la bota de ante es el complemento más usado.



En las clases altas las prendas son básicamente las mismas que en siglo anterior pero aumentan su volumen. Las ropillas son más largas, provistas de brahones mayores que los usados en el reinado anterior, con mangas estrechas, por cuyas bocas sobresalen grandes puños de encaje rizado, son frecuentes los puntos de España que incluyen una cantidad notable de metales preciosos, intercalando a veces seda, con ornamentación que sigue modelos populares.

El traje del hombre conserva el jubón con hombreras y aletas o mangas perdidas, ceñido y sin cinturón, y con faldetas pero sin acuchillado. Se estilo la banda o tahalí, que era una cinta ancha, que, desde el hombro derecho iba a fijarse en la cadera izquierda, y se colocaba hasta encima de la capa, pediendo de ella la espada.

Los encajes de la primera mitad del siglo XVII siguen modelos del siglo XVI, pero su perímetro aparece realzado por una cenefa uniforme, obedeciendo a composiciones radiales; predominan los bolillos.

Las lechuguillas alcanzan dimensiones desmesuradas, que enveran la figuran y dificultan el movimiento. Las personas de elevada posición social llevaban las lechuguillas perfectamente plegadas o en su defecto cuello de golilla.

Las calzas justas y medias calzas, a veces con botones en los lados, por donde asomaban sus forros de seda, y forros que se unían a ellas al atarlas o unirlas en las piernas.

Estas acusan mayor alargamiento y abombamiento, lo que produce una silueta de tonelete; cortándose estos en su longitud en numerosas tiras; cada uno se forraba en gran cantidad de tela fina de otros colores asomaban por ellas, y las que a veces formaban grandes bollos. La fase final se llaman calzas de muslos tendidos, de perfil aplanado, frente a las anteriores redondeadas. Ferreruelos, bohemios y capas son los sobretodos más usados.

El colorido del traje se enriquece con tonos vivos, el negro ni los colores sobrios son ya característicos de la época (solo colores vivos durante el reinado de Felipe III). Las prendas de ricas telas, entre las que abundan sedas y brocados, se adornan con lujos, lo que llegó a promulgar leyes suntuarias para controlar el excesivo boato, las primeras de las cuales data de 1600, con escasa incidencia.

Así es paradójico el hecho de que durante el reinado de Felipe III varias pragmáticas trataron de combatir el lujo en el traje, mientras que se creaban fábricas de galones, y tiras de plata y oro.









La moda femenina también dejaba ver la clase social a la que pertenecía el sujeto.

Las mujeres humildes vestían faldas largas y lisas, sin adornos, combinadas con blusas o camisas sencillas. Normalmente se llevaba una pañoleta que cubría los hombros y se anudaba sobre el pecho. En épocas de frío, un manto de paño o lana proporcionaba algo de calor.

En cuanto a la indumentaria femenina de la clase social alta el lujo excesivo, el rico colorido y las formas en ocasiones exageradas caracterizan la indumentaria del primer reinado español del siglo XVII, sobresaliendo en los trajes las grandísimos lechuguillas.

Entre las mujeres de clase noble, el "guardainfante" fue la prenda que más se usó. Consistía éste en un armazón hecho de varillas, aros, cuerdas y ballenas, que daban forma de campana a la enagua. Importado de Flandes, su uso atendía no sólo a cuestiones estéticas sino que también se usaba para proteger o disimular el embarazo, lo que provocaba no pocos escándalos. La complicación de la prenda se acrecentó con los años, llegando a adquirir un volumen tal que las mujeres que lo llevaban debían entrar de lado por las puertas, al no poder hacerlo de frente

El traje femenino se mantuvo en niveles de mayor sobriedad que el masculino, con puntos aún en común con el siglo anterior, por lo que puede considerar un apéndice del mismo.

Este periodo de la moda femenina es un momento de gran rigidez en la figura, conseguido por las conocidas prendas interiores en uso de la segunda mitad del siglo XVI, presenta una silueta cónica que ocultaba las formas femeninas, solo descubriendo el rostro y las manos. Sobre la camisa y el cartón de pecho, para vestir a cuerpo, continúa en uso la solemne saya entera, acompañada de su faldón.

Los chapines se hacían de ricas telas, generalmente revestidos de seda, alcanzando elevado tacón, y se le adosaban virillas o hebillas de oro y plata y a veces pedrería fina.

Los zapatos de polenvi llamados así por tener la punta elevada, y otros varios modelos se citan en muchas descripciones, sobre los que fue necesario legislar para evitar las dimensiones del tacón.

A continuación expongo varias imágenes para que se pueda comprobar la forma de vestir que tenían las mujeres españolas en el siglo XVII

Mª Carmen 03:40 9 jul 2012 (UTC)

Vestimenta 3






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