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Joselu M.L 04:11 9 jul 2012 (UTC) Musespost-x1x.jpg

El progreso de la mujer en los siglos XVI-XVII



A lo largo de los siglos XVI-XVII, el rol de la mujer comenzó a dar un vuelco en la sociedad del momento; se estaba produciendo en cierta manera el primer acercamiento de la mujer y la incorporación de la misma al mundo laboral y social, aunque siempre quedaba a la sombra del hombre tal y como se recoge un numerosos escritos de la época.

Hasta hace sólo unas décadas, la mujer, salvo contadas excepciones de personajes destacados, había pasado por la historia como sujeto pasivo. Habían estado interviniendo en la política, en la economía, en la sociedad, en la cultura, en la religión, en las costumbres, sin que su voz se dejara oír.



Probablemente había influido en ello el estereotipo que crearon los escritores del Siglo de Oro, que presentaron una imagen absolutamente maniquea que las convertía irremediablemente en buenas –aquellas que aceptaban el papel que la sociedad les imponía en la casa o el convento– y malas –las que se atrevían a transgredir las normas.



La historiografía más reciente reconoce por fin el papel activo de la mujer en la historia de forma que su implicación no es menor que la del hombre y que ha intervenido en las transformaciones sociales, económicas y artísticas no sólo a través de su posición en el hogar, de la educación de los hijos, de su labor religiosa y de mecenazgo, sino también en instituciones como conventos, colegios y hospitales, así como en movimientos sociales y religiosos.



Papel preponderante les tocó jugar a las mujeres instaladas en las clases altas de la sociedad a través de las alianzas familiares, la constitución, junto a sus esposos de los mayorazgos, la fuerza de la dote, el ennoblecimiento del linaje o la labor de mecenazgo.



Durante todo el trabajo haremos una recopilación de la contribución de la mujer en el ámbito de la escritura, la imprenta y el trabajo durante este periodo, ya que la mujer por primera vez realiza una serie de aportaciones en el ámbito cultural y de aprendizaje, siendo este momento el comienzo de una larga carrera de la lucha de la mujer por la igualdad frente al hombre.

En un principio, las labores tipográficas se realizaban en el hogar del propio impresor, involucrando a toda la familia, de ahí que la mujer compatibilizara sus labores domésticas con las tipográficas. Unas y otras diluyeron la impresión y difusión de las primeras letras. A estos espacios donde se cobijaba el taller y hogar se les conoce con el nombre de "casas prensa". Las mujeres, familiarizadas con las labores mecánicas del oficio, no sólo proporcionaron manutención y alojamiento a los oficiales de imprenta, sino que a veces realizaron tareas junto a ellos. Eran ellas quienes preparaban la tinta para imprimir, cuya elaboración era, como dijo Moxon "laboriosa para el cuerpo, nocivo e ingrato a los sentidos y peligroso porque hay gran riesgo de quemar el lugar en el que se hace". Griffin, Clive indica que "hubo esposas e hijas de impresores que realizaron tareas livianas, como humedecer el papel antes de que fuera introducido en la prensa de imprimir, o compaginar los pliegos y leer en voz alta el original o las pruebas". Algunas incluso, dueñas de talleres tipográficos prepararon el original o corrigieron pruebas, práctica en el siglo XVII reservada a los oficiales más eruditos. Como podemos observar, no sólo se les atribuye "tareas ingratas". Y es que aunque no se tienen noticias sobre mujeres empleadas en las imprentas como correctoras, fundidoras de tipos, cajistas..., las viudas y herederas de viudas asumieron personalmente la regencia y administración de sus talleres.



Ante el reto de dar una continuidad al negocio que había sido del marido, firman el píe de imprenta como Viudas de, pero algunas de ellas, se resiste a perder su anonimato y firman desde el comienzo de su actividad con su nombre, alternándolo con el de sus sucesivos esposos.

Publicaron toda clase de textos, tanto religiosos como científicos o culturales no siempre con el mismo grado de calidad. Dejaban su impronta femenina en las portadas o colofones utilizando distintas fórmulas para indicar la titularidad de las imprentas (con su propio nombre, Viuda de, o poniendo a sus herederos aunque no tuvieran la edad reglamentaria para regentar el taller).

Son muchas las tareas que se realizan en una imprenta, desde la composición de los tipos, la elaboración de la tinta, la impresión, corrección de los textos y por último la encuadernación y aún no sabemos con certeza que trabajos realizaron cada una de ellas. Habrá que esperar a la aparición de nuevos estudios y documentos que reconozcan por fin su valía y el papel tan importante que desempeñaron muchas de estas mujeres en el desarrollo de la imprenta en nuestro país.

A continuación introduciremos la visión que se tenía de la mujer durante este periodo de tiempo, para así ponernos en contexto con el avance que estas realizaron en función a sus creencias e ideales sociales.

La mujer española de la época, se trata de una mujer en cierta manera sumisa y obediente ante el hombre, pero comienza a darse las primeras revelaciones por la búsqueda de la igualdad y la libertad.

En el ámbito laboral, la mujer comienza a dar los primeros pasos en la creación de las empresas privadas, aunque siempre existe la presencia de un hombre al lado de la mujer, el cual le orienta y le guía en el proceso de creación de la misma.

Algunos ejemplos de ciertas mujeres que marcaron cierto cambio en la sociedad del momento fueron entre muchas otras, Doña Francisca Ponce de León o Mariana de los Ríos, las cuales invirtieron cierto capital propio en el mundo empresarial, sobre todo en colonias pertenecientes a África.

Respecto a la imprenta y el mundo de la escritura podemos decir que la mayoría de estas mujeres eran viudas e hijas de impresores que heredaron el negocio familiar y se encontraron en situación de darle continuidad. Determinar el grado de implicación que estas mujeres tuvieron en los trabajos del taller no está exento de dificultad; los pocos datos con que han contado los investigadores, reducidos en muchas ocasiones a los pie de imprenta y a la trascripción de los inventarios, y la escasa consideración social de la que ha gozado la mujer en diferentes ámbitos, entre ellos el del mundo del libro, hacen difícil la tarea. Recientes estudios abundan en la idea de que la mujer no participó únicamente en los trabajos de gestión, sino que intervino activamente en la actividad tipográfica, perfeccionando los tipos, expandiendo el negocio familiar con gran éxito comercial y contribuyendo en diferentes grados a la difusión de las ideas y la cultura de su época.

La única mujer impresora de la que se tienen noticias en el período incunable hispano es Francisca López pero no por sus impresiones o como viuda de, si no a través de unos documentos por los que se sabe que Francisca conservó los punzones de su marido, ya que conocía la importancia que tenían para este negocio y lo difíciles que eran de conseguir. Los punzones permiten obtener sucesivos juegos de matrices y transmitirlos a los tipos de imprenta.

Algunas se limitaron a figurar dejando el negocio en manos de un oficial de imprenta mientras sus hijos adquirían la edad suficiente para regentar el taller. Otras, por el contrario, conocieron el oficio desde pequeñas como hijas, esposas y viudas de impresores; tal es el caso de Brígida Maldonado, esposa del impresor Juan Cromberger, Jerónima Galés, quien realizó impresos de gran envergadura y excelentes tipográficamente o Isabel de Basilea quien mantuvo durante toda su vida una participación muy activa en el negocio familiar.

Publicaron toda clase de textos, tanto religiosos como científicos o culturales no siempre con el mismo grado de calidad. Dejaban su impronta femenina en las portadas o colofones utilizando distintas fórmulas para indicar la titularidad de las imprentas (con su propio nombre, Viuda de, o poniendo a sus herederos aunque no tuvieran la edad reglamentaria para regentar el taller).

Son muchas las tareas que se realizan en una imprenta, desde la composición de los tipos, la elaboración de la tinta, la impresión, corrección de los textos y por último la encuadernación y aún no sabemos con certeza que trabajos realizaron cada una de ellas.

A continuación realizaremos una selección de varias mujeres impresoras, de las cuales destacaremos los aspectos más curiosos e importantes, además de su paso por ese ámbito:



- Isabel de Basilea: viuda de Alonso de Melgar y viuda de Juan de Junta (1526) y (1558), hija del impresor Fadrique de Basilea, uno de los pioneros en la introducción de la imprenta en España y cuyo taller, sin duda el más importante de la ciudad de Burgos, heredó a su muerte en 1518 Alonso de Melgar al casarse con su hija. Siete años después muerto su marido y sin descendencia vuelve Isabel a ser propietaria única de la imprenta de su padre.



- Francisca Gutiérrez: viuda de Querino Gerardo (1588-1589); se hace cargo del taller de su marido Querino Gerardo solo durante dos años por lo que su producción es escasa. Entre sus impresiones se encuentran breve instrucción de la devoción cofradía e indulgencias y milagros del Rosario de nuestra señora... (1589), Conceptos espirituales sobre el Miserere Mei (1589) de Cesar Calderari, de la Guerra de campaña de Roma y del reino de Nápoles (1589) de Alessandro Andrea. Según Pérez Pastor Francisca Gutiérrez falleció en torno a 1597.



- María Rodríguez Rivalde: viuda de Pedro Madrigal (1594-1604); María Rodríguez Rivalde o María Rivalde, se hace cargo del taller del marido en 1594 figurando como “Viuda de Pedro Madrigal”. En 1595 seguirá trabajando con su hijo Pedro Madrigal figurando "en casa de Pedro Madrigal" aunque ya casada en segundas nupcias con el impresor Juan Íñiguez de Lequerica, quien a su vez mantenía activo su taller de Alcalá de Henares.

Entre las obras impresas por la viuda de Madrigal están Las Navas de Tolosa, poema heroico (1594) de Cristóbal de Mesa, compendio de doctrina Cristiana (1595) de Luis de Granada, Epístolas familiares (1595) de Antonio de Guevara, o Tratado de las ceremonias que en el sagrado ministerio del altar se deben guardar conforme al Missal Romano, restituido por el Papa Pio V (1595) entre otras.



- Brígida Maldonado: viuda de Juan Cromberger (1541-1545); la imprenta de los Cromberger era la más importante de las de Sevilla y probablemente el taller más activo de toda la península en el siglo XVI, primero a través de su padre Jacobo y después por su heredero Juan que amplió incluso el ámbito de su actividad en el Nuevo Mundo.

A diferencia de tantas otras viudas, Brígida no se volvió a casar, y manejó la imprenta y los negocios familiares de ultramar hasta que su hijo Jácome tuvo la edad suficiente como para hacerse cargo. La mayor prosperidad del negocio fue en los años en los que la viuda estuvo al frente. Eligió no firmar las ediciones que realizó, prefiriendo que llevasen el nombre del famoso Cromberger, garantía asegurada de una alta calidad de impresión. Incluyó su pena como viuda en el pie de imprenta con formas como “la desdichada viuda” o “la triste Brigida Maldonado”.



- Ana Vélez de Salcedo: viuda de Diego Fernández de Córdoba (1603-1609); Ana Vélez de Salcedo trabajará solo de 1603 a 1609 pero siempre aparecerá «Herederos de Diego Fernández de Córdoba». Solo conocemos una obra en 1605 donde figurará con su propio nombre “Pinciae, Typis. Annae Vélez” y en otra de 1609 donde se indica «en casa de Ana Vélez, que sea en gloria»». Entre sus obras impresas tenemos Relaciones universales del mundo (1603) de Giovanni Botero, Práctica y teórica de la cirugía (1605) de Dionisio Daza, Luz de las maravillas que Dios ha obrado (1607) de Leandro de Granada Manrique. Falleció en 1609.



- Margarita Oliver: viuda de Pedro Guasp Oliver (1670-1696); conocida como «Viuda de Guasp» y también como «Margarita Guasp Viuda». Su actividad fue bastante irregular y de 1670-1696 hubo algún año en que estuvo sin imprimir.

Parece que impulsó el volumen de las impresiones de su taller aunque no siempre sus impresos eran notables salvo excepciones. Entre las de mayor interés tenemos, Novena de San Francisco Xavier Apóstol del Oriente... (1675), Svmma de temps, y Altres Principis, de la gramática, con el que se enseña en les escoles de la compañía de Jesús… (1677) de Ignacio de los Valles, Sermón fúnebre en las exequias de la serenísima Reyna de España doña María Luisa de Borbón (1689) de Francisco Doms, La fe triunfante en cuatro autos celebrados en Mallorca por el Santo Oficio de la Inquisición.. (1691) de Francisco Garau. De los cinco hijos que tuvo fue Melchor Guasp Oliver el que sucedió a su madre en el oficio.



- Viuda de Francisco Leefdael (1729-1733): imprimió fundamentalmente comedias sueltas, que son primas hermanas de la literatura de cordel y que muchas de ellas se representaban en los corrales de comedias. Se trataba de desglosables que permitían dos posibilidades de venta, juntas o por separado.

Cada una de las piezas cabía en un pliego doblado tres veces, lo que daba lugar a 16 páginas. Son impresos en 8º (un pliego doblado 3 veces), confeccionados en medio pliego o uno entero (4 u 8 hojas). Parece que entre imprentas y librerías hay un comercio fluido y solo se piensa en el beneficio, sin atender a la pureza textual o a la legitimidad del autor.



Las mujeres han estado a lo largo de muchos años a la sombra de los hombres, pero que no se conozca su contribución, no significa que no recibieran ningún tipo de educación o enseñanza. Ante esto surgen dos posturas contrariadas:



  1. La profeminista: se aboga por la educación de la mujer y no se ve ninguna diferencia entre la habilidad intelectual de las mujeres y la de los hombres (por ejemplo Juan Luís Vives, Antonio de Guevara, Erasmo).


  1. La antifeminista: postura defendida por numerosos moralistas, entre ellos Juan de la Cerda, Gaspar de Astete y el doctor Huarte de San Juan: éste último trató de dar un fundamento biológico a la opinión difundida de que las mujeres eran mentalmente discapacitadas, en concreto, que no sirviesen para la instrucción intelectual.


Es relativamente difícil encontrar una respuesta satisfactoria en cuanto al papel de la mujer en la sociedad de su época (aún sólo refiriéndonos a las representantes de las clases acomodadas del entorno urbano); nos vemos enfrentados con una imagen en algún grado polifacético y contradictorio en la mayoría de los casos. Y por eso, seguramente, más auténtica que el intento sintetizador de una visión demasiado global y compacta de un hecho evidentemente más complejo, que hace imposible llegar a conclusiones de tipo “la mujer sufre su opresión en todos los ámbitos de la sociedad”. Por lo tanto, nos limitamos a resaltar una contradicción decisiva que se ha podido destilar a lo largo de este trabajo.

Es cierto que la mujer, a nivel jurídico, político y religioso, tiene adscrito claramente, el papel de la parte dominada. Sólo hay que acordarse de lo dicho respecto a su estatus jurídico (imbecillitas sem fragillitas como fundamento principal de su consideración en el plano jurídico) para darse cuenta de su integración en la parte irresponsable y discapacitada dentro de una estructura social, política jerarquizada. A nivel jurídico, pues, tiene aproximadamente el mismo marco jurídico que los niños o demenciales a los que tampoco se considera plenamente responsables por sus acciones y delitos.



En cuanto al nivel religioso-moral, se puede afirmar que la postura de Fray Luís de León parece con variaciones más estrictas o más “liberales” representar el temor de lo que se consideraba el lugar oportuno para una mujer casada (y más aún si era soltera) la casa, y, de este modo, el aislamiento del exterior.

La mujer se convierte progresivamente en el escaparate (en todos los sentidos, tanto materiales como espirituales) de la nueva entidad económica de carácter doméstico: la familia. Será por esta función de clara ideología de base burguesa, ya que se trata de hacer público el mérito privado del representante masculino (el padre/marido) de la familia para posibilitar su ascenso político-social-que las mujeres no sólo verán poca oposición, por parte de determinados ámbitos de la sociedad, contra su comportamiento exteriorizado, sino que incluso se verán obligadas a “salir de casa”. No olvidemos, sin embargo, que será el marido beneficiario de la exteriorización de su mérito mediante la esposa, pues, esta función femenina de escaparate va acompañada de una expulsión casi total de otro ámbito público-imprescindible para la adquisición de un “valor propio” dentro de unas estructuras de claro carácter mercantil o pre-capitalista: el mercado de trabajo.

De este modo, la mujer (de unos estratos más, de otros menos) seguirá cumpliendo su papel de compañera dentro de unas estructuras de jerarquización tanto horizontal (mujeres-hombres) como vertical (ámbito eclesiástico-nobiliario/ ámbito no eclesiástico –nobiliario y progresivamente ámbito poseedor de mérito-bienes/ ámbito carente de mérito-bienes).



CONCLUSIÓN:

Tal y como hemos podido apreciar a lo largo de este trabajo, la mujer no ha estado siempre excluida social y laboralmente, solo que apenas se les ha dado importancia, ni se ha recogido sus aportaciones en los diferentes documentos existentes de la época, pero tal y como hemos visto esto no ha sido siempre así.

Hemos podido apreciar que la mujer en muchas ocasiones tenía un papel activo en la creación de documentos, pero debido al pensamiento de la sociedad, la importancia siempre se la debía de llevar el marido o el padre de la mujer, ya que estaba mal visto que la mujer trabajase fuera de las labores del hogar, siendo este el único trabajo bien visto que las mujeres podían ejercer con total libertad, es decir, el trabajo del hogar y la crianza.

Gracias al cambio que comienza a darse y que empieza a reivindicar la mujer y a proclamar numerosos pensadores, aunque eran muchos más los contrarios y tradicionales, en estos siglos la mujer conoce lo que es trabajar fuera del hogar, un gran paso para el pensamiento de la sociedad del momento, paso, que sin duda marcará un antes y un después en la lucha de la mujer en la búsqueda de la igualdad y la integración social, pero que no será definitivo hasta nuestra sociedad actual, es decir, este cambio se producirá en la sociedad de nuestro siglo pasado, el siglo XX.

Decir además que según muchos documentos, la mujer aunque siempre ha estado a la sombra del hombre, ha sido al creadora de grandes obras cuyo autor corresponde a sus esposos, pero que sin duda crearon ellas. Esto no ocurre solo en la literatura o en el arte, sino que también ocurrió en el ámbito de la invención, o en el ámbito de la política, ya que la mujer tenía un pensamiento mucho más avanzado, coherente y eficaz que el hombre, a pesar de que se les tratase como personas poco eficientes e incluso se les llegara a tachar de personas con mentalidad reducida a las labores del hogar.

Por último destacar el rol de la imprenta en el proceso de avance de la mujer en su integración social, ya que muchas de ellas usaron este medio para ir familiarizando a la sociedad de que la mujer era una persona más, un habitante más de la ciudad, es decir, que era y tenía las mismas capacidades que el hombre, lo que conllevaba a que podía llevar a cabo las mismas actividades en cierta manera.

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