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Guambianos,una de las minorías de Colombia

ü Música: Tristes Trópicos.


ü Alguien dijo…

“Saber que todos somos parte de la misma sociedad es importante y aun más importante es empezar a inculcar desde la educación básica los conocimientos pertinentes de nuestros resguardos indígenas”.

Todos los seres humanos tenemos la necesidad de relacionarnos e interaccionar con las personas que nos rodean, de ahí que las personas vivamos en sociedad. Además de esto, dichas personas suelen compartir una serie de rasgos culturales esenciales como: las formas de vida, la vestimenta, la dieta, las fiestas, la religión…

Aunque hoy en día los rasgos culturales se están perdiendo debido al éxodo rural, las migraciones, la pérdida de población joven, la convivencia con personas de otras nacionalidades…. todos estos factores hacen que se modifiquen las esencias y los rasgos típicos de una comunidad.

Por ello es importante, que desde pequeños nuestros padres nos eduquen con esos valores que hacen a una persona diferenciarse de otra. Tal es el caso de la sociedad indígena de Colombia, sociedad que puede diferenciarse claramente de la sociedad negra que con ella conviven.



ü Antropología sin dolor:

Antes de todo, me gustaría explicar porqué he elegido Colombia y no otro país. La razón de esta elección radica en el interés que me causó este país cuando leí un libro de Alberto Vázquez Figueroa titulado Sicario. Este libro trata de reflejar la realidad social que ha vivido Colombia durante muchos años, un país donde los ricos son muy ricos y los pobres son muy pobres. Un país donde la miseria, el hambre, la violencia han estado siempre en el punto de mira. Actualmente estos problemas han disminuido, aunque siguen existiendo todavía.

No obstante, estos temas no son los únicos que me interesan tratar. Dentro de la población colombiana podemos diferenciar entre población mestiza (58%-60%), población blanca (20%-25%), población mulata (14%-20%), Negros (4%), amerindios (1%) de un total de población de 42.100.000 habitantes.

Si nos remontamos al pasado, a una fecha no muy ajena a nosotros, podemos dar una explicación a esta pluriculturalidad.

El 12 de octubre de 1492, con la llegada de Colón a tierras de América, se inicio una de las transformaciones culturales más grandes en la historia de la humanidad. La mezcla de las culturas amerindias, residentes siglos atrás en el suelo americano, con la recién llegada cultura hispánica, (ya de por sí una fusión de moros, gitanos, y pueblos íberos), y posteriormente, con la introducción de los africanos (traídos como esclavos para trabajar en las plantaciones de caña de azúcar y en la extracción de minerales), dio como resultado la rica diversidad étnica existente en toda Latinoamérica.

Desde luego, Colombia fue uno de los países más influidos por este hecho histórico, debido en gran medida a su excelente ubicación geográfica, la cual la llevo a ser considerada como la puerta de entrada de América del Sur.

Hoy, más de 500 años después, en Colombia se reconoce en la actualidad 87 etnias indígenas, 3 grupos diferenciados de población afrocolombiana y desde luego el pueblo ROM o gitano.

Pero a mí me gustaría centrarme en la población Guambiana, la cual vive en la vertiente occidental de la Cordillera Central, en las inmediaciones de los páramos de las Delicias. Se calcula que unas 23.462 personas pertenecen a dicha etnia.

Actualmente, no existe consenso entre los investigadores acerca de la historia de los Guambianos en épocas prehispánicas. Algunas hipótesis sostienen que llegaron desde Ecuador en compañía de los conquistadores. Sin embargo, otros estudios proponen, para el siglo XVI. La existencia de una gran etnia, conformada por los grupos habitantes de la zona y bajo el gobierno de dos caciques.

Tras un largo proceso de resistencia, los indígenas de Guambía fueron otorgados en encomienda para trabajar las tierras ocupadas por los descendientes de los conquistadores. Posteriormente y como resultado de la lucha de sus caciques, se les asignaron varios de los resguardos que continúan ocupando.

Durante el siglo XX la recuperación de las tierras ha sido el objetivo de sus demandas, tarea en la que juegan un importante papel los cabildos. No obstante, persiste la escasez de tierras, acompañada de diversos problemas sociales agudos que inciden en la región.

En los últimos años se ha generado un proceso migratorio hacia otros departamentos del Cauca y del Huila en dos sentidos:

· Estacional: para trabajar como jornaleros en fincas.

· Permanentes: comprando tierras por fuera del resguardo.

Sin embargo, conservan sus relaciones con la comunidad, adaptándose fácilmente a las nuevas condiciones de vida.

La cultura guambiana se caracteriza por su sistema dual: la diferencia entre lo masculino y lo femenino; lo caliente y lo frío; el sol y la luna. Las plantas, los árboles, los accidentes geográficos y la madre tierra son elementos muy importantes para ellos, ya que guardan espíritus o da el sentido de lo beneficioso frente a lo maléfico.

Además de esto, en esta sociedad existe la figura del Murbik, curandero guambiano. Se caracteriza por ser la persona que mejor conoce las plantas medicinales y curitativas, las cuales previenen las enfermedades. La figura del Murbik actúa como intermediario entre los hombres y los espíritus, encargado de guiar el alma de los muertos a s nueva morada. Este curandero practica la ceremonia de limpieza o también llamada Pishimarvk, destinada a la limpieza y restitución del equilibrio social y biológico perdido. En este ritual se emplean plantas consideradas “calientes “como la coca y el maíz.

La organización política de estos pueblos se desarrolla alrededor de un cabildo anual, encabezado por los gobernadores, figuras centrales del qué hacer político. A través de los cabildos se articulan las diversas veredas formando una comunidad. Estos tienen como funciones la vigilancia, el cuidado y la utilización del territorio, el manejo del orden y la capacidad de imponer sanciones o multas a quiénes no cumplen sus obligacione.


ü Tapeando por el mundo:

El articulo a través del cual he realizado mi trabajo se titula: Guambianos, color y cultura, de la periodista y comunicadora social Yeni Lorena Grisales López, de origen colombiana.

Aunque no es una antropóloga, en Colombia existen otros antropólogos muy conocidos como es el caso de: Gonzalo Correal Urrego, Luis Guillermo Vasco, Guillermo Páramo, Jean Paul Sarrazín, Jaime Arocha, Alicia Dussán de Reichel, Virginia Gutiérrez de Pineda…

Todos ellos se caracterizan por tener una misma cultura, es decir, las mismas raíces culturales colombianas. Esta cultura tiene su origen en el mestizaje cultural de los pueblos nativos, con la influencia colonizadora española y europea posteriormente de la influencia de la cultura suramericana. De ahí, que haya una gran diversidad cultural como consecuencia de los factores anteriores, pero también como consecuencia del aislamiento y la dificultad de acceso entre las diferentes regiones del país. Por ello se desarrollaron con el paso del tiempo subregiones muy distintivas y variadas culturalmente. Entre las más representativas citamos:

· Costeños, ubicados en Costa Caribe.

· Paisas, de Antioquia y el Eje Cafetero.

· Llaneros, comparten frontera con Venezuela.

· Santandereanos, pertenecientes a la región Andina Santander y Norte de Santander.

· Vallunos y Caucanos, pertenecientes a la Costa Pacífica.

· Tolimenses, pertenecientes al Tolima.

· Serranos, pertenecientes al departamento de Nariño fronterizo con Ecuador.

· Amazónicos, pertenecientes a las selvas del suroeste del país.

· Cundiboyancenses, ubicados en el interior del país en el Altiplano Cundiboyacense.

· Bogotanos, ubicados en el interior del país.

Además de esto, debemos citar el gran contraste que se produce en términos de infraestructuras familiares. Mientras que los pueblos amerindios de la Amazonía, siguen dependiendo de la caza, recolección y horticultura itinerante y viviendo en cabañas o malocas cubiertas de hojas de palma, en Bogotá, la capital, la población de 8 millones de habitantes (de un total de 45 millones en el país) vive en edificios de grandes dimensiones y aprovecha la tecnología informática y de telecomunicaciones..

En cuanto al arte, cerca de un millón de colombianos viven de forma directa o indirecta del sector de la artesanía, particularmente dinámico en el país. Este sector, que contribuye notablemente a la economía nacional, cuenta con unos 350.000 artesanos, de los cuales aproximadamente el 60% procede de zonas rurales y de comunidades indígenas, y el 65% son mujeres. El arte precolombino, milenario, era particularmente rico. Las figuras construidas en oro y las piezas de joyería fueron bastante codiciadas por los colonizadores españoles, que en algunos casos desataron auténticas masacres con el fin de poseerlas (más por los materiales preciosos usados en ellas que por su valor artístico. Las artesanías producidas por los grupos étnicos son igualmente ricas y bastante apreciadas, tanto por los locales como por los turistas. El pueblo guajiro fabrica bolsas, cinturones y redes tejidas manualmente. Los paeces, por su parte, son conocidos por la manufactura de sus típicos chales de lana. También el barro ha sido muy utilizado para crear artesanías como vasijas, ollas entre otras. Es considerado como un símbolo del trabajo y esfuerzo de todos los colombianos, que trabajan que se esmeran por conseguir un mejor país. Las artesanías más representativas del país son el sombrero vueltiao y la mochila arhuaca.

La pintura colombiana estaba marcada por los trabajos de los tres Figueroa, auténticos pioneros de este arte: Baltasar de Figueroa, el viejo; Gaspar de Figueroa, su hijo y Baltasar de Figueroa, el joven. Gaspar fue el maestro de artistas de relevancia, entre quienes se encuentra notablemente Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos. José María Espinosa Prieto, pintor, grabador y miniaturista, también es destacado por sus retratos, paisajes y caricaturas. A Epifanio Garay también se hace gran referencia, sobre todo como retratista, a pesar de que gran parte de su obra se desarrolló en Panamá.


ü La mitad del cielo:

Con paso firme, luchando contra la discriminación y las dificultades, la mujer colombiana ha emprendido el camino de cambiar su rol en la sociedad colombiana.
Ese cambio surgió de la necesidad de asumir un papel protagónico en el destino del país y de aportar con talento, iniciativa y perseverancia con el desarrollo y la construcción del país.
Sin embargo, la mujer tropezó con un asunto mayor: ¿Cómo ser protagonista?
Para poder cambiar el presente hay que conocer el pasado. A lo largo de la historia, en Colombia no se ha valorado el trabajo femenino: cuando una mujer se dedica al cuidado de sus hijos, a pesar del valor que tiene esto en términos de construcción de capital humano, muchos y muchas dicen que no hace nada.
Es más: la participación de la mujer en el crecimiento y en el fortalecimiento de la sociedad siempre aparece íntimamente ligada con sus hijos y su familia (por la ternura, la abnegación, el sacrificio y el amor que no son comparables con nada).
En cuanto a los aportes en el campo profesional y laboral, la sociedad los mira prácticamente como marginales y poco significativos.
Aparentemente la sociedad nunca ha tenido problema con que las mujeres trabajen. Sin embargo, el problema surge cuando se trata de reconocer la importancia de ese trabajo y, en particular, valorar el inmenso aporte que le hacen a Colombia las mujeres que trabajan y al mismo tiempo son madres.
Aunque el debate de las madres trabajadoras se ha dado en Colombia, los resultados de la discusión no han llevado a nada. Por el contrario, el país parece estancado en la polémica y no ha evolucionado al reconocimiento de los aportes de la mujer al desarrollo de la sociedad y del país.
Sin embargo, el sendero abierto con entereza y terquedad son síntomas de un cambio que se debe concretar en nuestra sociedad.
Me resulta fascinante estudiar la profunda transformación del papel de la mujer en la historia de la economía y de los negocios en el país.
Las mujeres asumieron papeles de importancia en las empresas mucho antes de que la ley y las costumbres les reconocieran derecho alguno; recordemos que, hasta el 1 de diciembre de 1957, a la mujer se le negó el reconocimiento como ciudadana con todos sus derechos. Es más: las colombianas solo podemos votar desde hace medio siglo, porque antes de eso, hasta la democracia estaba cerrada para nosotras.
Resulta fascinante reconocer el camino que, a pulso, han abierto las mujeres en el medio empresarial colombiano, como trabajadoras, como gerentes o como empresarias.
Gracias a esa lucha constante y tenaz, los retoños asoman en el sembradío: hoy, como nunca antes en la historia, la mujer cuenta con algunos espacios que puede aprovechar: aquellas que sienten la necesidad y el deseo de ingresar al campo profesional, cuentan con posibilidades para hacerse presentes en la sociedad, con todo su “genio femenino”.
Este cambio, aunque incipiente, tiene una importancia definitiva para la capacidad de hacer empresa en el país, para la productividad y para la calidad de vida. Las mujeres poco a poco van entrando al circuito productivo y por ello, tienen la posibilidad de abrir sus perspectivas y de contribuir a la apertura de espacios que brinden más oportunidades de progreso en diferentes roles: como mujer, madre, estudiante, trabajadora, líder política o religiosa, empresaria o profesional.
Su presencia motiva, incentiva e invita a otras mujeres a intentar caminos no tradicionales y a seguir sus metas. No obstante, es urgente que la mujer entienda y se comprometa con el cambio del que está siendo protagonista, detectando las estructuras y los procesos sociales, culturales y económicos que obstruyen su acceso al medio laboral y que reiteradamente desconocen el aporte decisivo a la construcción del país.
Además, la mujer colombiana enfrenta un desafío histórico, pues la transformación de la que es protagonista, genera una doble responsabilidad: la de su propia gestión y la de abrir el camino para el acceso de otras mujeres al mercado laboral.
Hoy integramos una sociedad que clama por cambios sustantivos para avanzar hacia la verdadera realización personal y social, lo que se puede lograr permitiendo el desarrollo de todo el potencial implícito en el talento y la capacidad de trabajo de las mujeres colombianas.
Se debe tomar la iniciativa y empezar a generar un cambio de mentalidad con algo muy simple: querer ser.



ü Rincones del mundo:



Una de las cosas que más me han llamado la atención es lo que se denomina “la medicina preventiva o feng shui indígena colombiano”. Son supersticiones acerca de las enfermedades del alma. Por ello realizan unos ritos para evitar dichos males, es decir, evitar afecciones, dolencias ni suciedades en la sangre, de ahí que sea fundamental la limpieza, el orden, la alimentación natural, la energía del sol y la fuerza de la Tierra y el agua puro, para alejar las entidades dañinas.


ü Erase una vez:



La pobre viejecita

Érase una viejecita

Sin nadita que comer

Sino carnes, frutas, dulces,

Tortas, huevos, pan y pez

Bebía caldo, chocolate,

Leche, vino, té y café,

Y la pobre no encontraba

Qué comer ni qué beber.

Y esta vieja no tenía

Ni un ranchito en que vivir

Fuera de una casa grande

Con su huerta y su jardín

Nadie, nadie la cuidaba

Sino Andrés y Juan Gil

Y ocho criados y dos pajes

De librea y corbatín

Nunca tuvo en qué sentarse

Sino sillas y sofás

Con banquitos y cojines

Y resorte al espaldar

Ni otra cama que una grande

Más dorada que un altar,

Con colchón de blanda pluma,

Mucha seda y mucho olán.

Y esta pobre viejecita

Cada año, hasta su fin,

Tuvo un año más de vieja

Y uno menos que vivir

Y al mirarse en el espejo

La espantaba siempre allí

Otra vieja de antiparras,

Papalina y peluquín.

Y esta pobre viejecita

No tenía que vestir

Sino trajes de mil cortes

Y de telas mil y mil.

Y a no ser por sus zapatos,

Chanclas, botas y escarpín,

Descalcita por el suelo

Anduviera la infeliz

Apetito nunca tuvo

Acabando de comer,

Ni gozó salud completa

Cuando no se hallaba bien

Se murió del mal de arrugas,

Ya encorvada como un tres,

Y jamás volvió a quejarse

Ni de hambre ni de sed.

Y esta pobre viejecita

Al morir no dejó más

Que onzas, joyas, tierras, casas,

Ocho gatos y un turpial

Duerma en paz, y Dios permita

Que logremos disfrutar

Las pobrezas de esa pobre

Y morir del mismo mal



Rafael Pombo.







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